PRÁCTICA BASADA EN EL CONOCIMIENTO Y LA EVALUACIÓN DE IMPACTO

¿Qué es la práctica basada en la evidencia? Básicamente, y en su aplicación al ámbito del trabajo social, la idea básica de la práctica basada en la evidencia se centra en que la intervención social se debe basar de forma sistemática en un conocimiento contrastado de su efectividad, derivado a su vez de la utilización de métodos sólidos de investigación empírica (Otto, Poluta y Ziegler, 2009).

El carácter hegemónico de este paradigma en el ámbito de las políticas sociales queda de manifiesto si se tiene en cuenta el impulso que desde las instituciones comunes europeas se viene dando a la experimentación social como mecanismo privilegiado de acceso al conocimiento en el ámbito de los servicios sociales. En ese sentido, la plataforma Europea contra la Pobreza y la Exclusión Social promueve la innovación social y la experimentación política social como formas renovadas para hacer frente a los desafíos de las políticas sociales (evolución de las necesidades sociales, crecientes limitaciones presupuestarias, necesidad de garantizar la participación de los diversos agentes en todo el proceso de toma de decisiones, necesidad de evaluar el impacto social de las decisiones que se adoptan, etc). Desde ese punto de vista, las instituciones europeas consideran experimentación social aquellas intervenciones que:

  • buscan generar respuestas innovadoras a las necesidades sociales,
  • se implementan en condiciones que aseguren la posibilidad de medir su impacto,
  • se implementan a pequeña escala debido a la incertidumbre existente en cuanto a su impacto, como paso previo a su implementación a mayor escala una vez demostrada su efectividad.

Un modelo riguroso de atención social debe basarse, por tanto, en la evidencia científica disponible y debe construirse sobre sistemas rigurosos de gestión del conocimiento, que permitan:

  • diagnosticar las necesidades de las personas atendidas (nivel micro) y las necesidades sociales que puedan existir en un territorio o ámbito determinado (nivel macro) para poder ajustar a esas necesidades el contenido de las intervenciones;
  • en ese mismo sentido, es necesario también identificar los factores de riesgo y protección que en cada momento y realidad territorial concreta inciden –tanto a nivel macro como micro− en los procesos de inclusión, así como identificar el impacto que diferentes factores personales y sociodemográficos, como el género, el origen, la edad, etc., pueden tener en
  • identificar buenas prácticas y modelos de intervención de eficacia demostrada que puedan ser incorporados al catálogo de servicios de la entidad;
  • evaluar los resultados y el impacto de las intervenciones sobre las personas atendidas (nivel micro) y sobre el conjunto de la sociedad (nivel macro), para poder ir reorientando de forma continua el contenido de esas intervenciones.

Por todo ello, es importante destacar que cualquier modelo eficaz de intervención en el ámbito de la exclusión social debe estar basado en la evidencia científica y debe recurrir a intervenciones, prácticas, programas o enfoques cuya efectividad haya sido demostrada. Para ello cabe recurrir a las herramientas que tradicionalmente se han asociado al paradigma de la práctica basada en la evidencia –como los diseños experimentales o las revisiones sistemáticas de la literatura científica− sin olvidar, en cualquier caso, la necesidad de integrar en estas investigaciones y evaluaciones la voz de todos los agentes (incluyendo profesionales y personas usuarias) y reconociendo la necesidad de utilizar una pluralidad de metodologías.