PARTICIPACIÓN SOCIAL

La adopción de la perspectiva de la participación como proceso permitiría superar la visión de las personas en situación de exclusión social a las que se dirigen estas entidades como sujeto objeto −es decir, como clientes, destinatarios o beneficiarios− y pensar en ellas en términos de participantes, es decir, persona que es parte y toma parte en procesos de toma de decisión en la organización, y en procesos de empoderamiento. “De esta forma, un primer reto ineludible es visibilizar y transformar los sujetos-objeto en participantes dentro de la acción y dentro de la organización. El segundo reto –añade este documento− sería conseguir que quienes participan se reconozcan y sean reconocidos como agentes de transformación social, tanto respecto a la causa de la acción y respecto a su contexto social, como en relación a la institución (política pública) responsable última de dicha acción” (EAPN España. 2010)

En línea de identificar estrategias que contribuyan al aumento de la participación social de las personas en situación de exclusión social se identifica la importancia del voluntariado referida, por una parte, a la posibilidad de disponer de personal voluntario que pueda colaborar en determinados programas y actividades –especialmente en programas de persona a persona, como los de mentoría−, y por otra, muy especialmente, a la utilización de la acción voluntaria como trampolín para la inclusión de las personas atendidas.

La responsabilidad pública en relación a los programas y centros para la inclusión social a la que se viene haciendo referencia requiere, sin duda, de profesionales adecuadamente formadas/os y remuneradas/os. Ello no impide, sin embargo, reconocer la importancia que el voluntariado tiene en la gestión de estos centros y programas y, en general, en los procesos de inclusión social.

El recurso a la participación en actividades voluntarias implica un mejor aprovechamiento de los recursos comunitarios disponibles, la posibilidad de mejorar y ampliar las redes sociales de las personas atendidas y, en el mismo sentido, la posibilidad de acceder a conocimientos, experiencias y relaciones útiles en un proceso de inserción social y laboral.

Desde ese punto de vista, la participación como voluntarias de personas que han pasado por situaciones de exclusión, e incluso que han sido usuarias de centros y servicios de inclusión, resulta una posibilidad del máximo interés. Si bien no necesariamente debe equipararse a la figura del voluntariado, es también importante destacar el concepto de coproducción –estrechamente ligado a la individualización de los servicios a la que antes se ha hecho referencia−, en la medida en que favorece la participación de las personas usuarias en la prestación, la gestión y la planificación de los servicios.