INDIVIDUALIZACIÓN Y AUTODETERMINACIÓN

El tradicional enfoque orientado a los servicios ha hecho que, a menudo, las personas no reciban el tipo de apoyo que precisan o prefieren. Sin embargo, el énfasis que el paradigma de la activación pone en la individualización coincide con una tendencia mucho más amplia, en el conjunto de los servicios sociales, hacia la personalización de los procesos de intervención social. Los enfoques personalizados se basan en la idea de que son las propias personas las que pueden identificar sus propias necesidades y tomar decisiones acerca de los apoyos que quieren recibir; para ello, es necesario que estas personas obtengan la información y el asesoramiento que necesitan para poder realizar decisiones informadas. Se trata, en definitiva, de poner a las personas en el centro de los sistemas, procesos, equipos y servicios (Carr, 2008).

Uno de los retos fundamentales de un modelo innovador y de calidad en el ámbito de la inclusión social radica en cómo llevar a la práctica la necesaria individualización de los servicios y, fundamentalmente, en cómo promover la autodeterminación de las personas usuarias y su control en relación a los servicios que se les prestan, en la línea de modelos como la atención centrada en la persona o la vida independiente.

Ello hace necesario, en primer lugar, promover un modelo de intervención que tenga en cuenta los condicionantes estructurales de la exclusión, y no se centre exclusivamente en los aspectos individuales de la misma, desde una concepción meramente rehabilitadora de la intervención social. Más difícil resulta, en cualquier caso, modificar las estructuras e inercias organizativas para garantizar que las personas atendidas tengan un mayor control a la hora de decidir el contenido de las intervenciones, establecer los objetivos de las mismas y evaluar sus resultados.

Se plantea de este modo, la necesidad de pasar del paradigma de la atención ofrecida en función de la red de servicios, al paradigma de la atención ofrecida en función de las necesidades individuales. En esta línea, la referencia del modelo de atención centrado en la persona que para autores como Martínez (2011) reconoce el papel central de la persona usuaria en su atención y, en consecuencia, se proponen estrategias para que sea ella misma quien realmente ejerza el control sobre los asuntos que le afectan, son de obligada aplicación. Así como, entre otras, el acompañamiento individualizado que se configura como una herramienta esencial para el desarrollo de este enfoque, en la medida en que puede combinar el derecho a la autonomía y el control de las personas que participan en los programas con la supervisión técnica de los procesos de inclusión por parte de los profesionales referentes de cada caso.