DESINSTITUCIONALIZACIÓN Y LA ATENCIÓN EN LA COMUNIDAD

De acuerdo a la European Social Network, la desinstitucionalización o transición hacia la atención basada en la comunidad implica un cambio en el tipo de atención que se presta a las personas vulnerables. Las personas usuarias deben ser valoradas y consultadas, y deben ser atendidas en un espacio alternativo a los grandes equipamientos de tipo institucional, que se adapte a sus necesidades y preferencias, y en el que puedan recibir los apoyos necesarios. No se trata de una serie de cambios puntuales, sino de un proceso que no concluye nunca: no se trata de sacar a la gente de unos edificios llamados instituciones, sino de ayudar a las personas a tener, o a recuperar, el control sobre sus vidas y a integrarse en la sociedad.

La materialización más clara de este enfoque es el desarrollo de unidades de convivencia, viviendas asistidas o tuteladas y otros tipos de soluciones residenciales que se caracterizan por su pequeño tamaño, su carácter disperso y por la prestación de servicios individualizados de apoyo de intensidad variable. En el ámbito de la discapacidad y de la enfermedad mental se ha producido en los últimos años un notable desarrollo de este tipo de soluciones residenciales, diferenciándose a menudo la provisión de los servicios de apoyo social de la provisión de los servicios de alojamiento (la responsabilidad respecto a los primeros correspondería a los servicios sociales y la segunda a los servicios con competencias en materia de vivienda). En tales casos, la clave del éxito radica en la elaboración de planes individualizados de apoyo, que permiten a las personas atendidas vivir de forma independiente disponiendo, al mismo tiempo, del apoyo profesional necesario

En el ámbito de la exclusión es todavía frecuente sin embargo el recurso a equipamientos aislados, institucionales y/o de gran tamaño, en los que el abordaje individualizado de la intervención, así como la autodeterminación y el control por parte de las personas usuarias, resulta sumamente difícil, frente a la preponderancia de las necesidades organizativas. Un modelo de calidad debe por tanto basarse en la provisión de servicios de alojamiento en viviendas ordinarias, integradas en la comunidad, desde las que se puede prestar a las personas atendidas los apoyos necesarios (de mayor o menor intensidad, permanentes o intermitentes, etc.).

La apuesta por un modelo comunitario de atención exige también basar las intervenciones en el aprovechamiento de los recursos comunitarios –comerciales, culturales, de ocio, etc.− de la zona en la que esas viviendas están ubicadas. Por otra parte, y si bien es cierto que la apuesta por la desinstitucionalización y la integración comunitaria se ha centrado especialmente en el ámbito de la vivienda, es también necesaria insistir en su aplicación al ámbito de la integración laboral: ello exige apostar por la búsqueda de alternativas de integración laboral –con los apoyos necesarios y de forma más o menos gradual− en el mercado ordinario de empleo, en detrimento de las fórmulas de empleo especial o protegido.