PARADIGMA DE CALIDAD DE VIDA

Cuadro: Dimensiones de calidad de vida y apoyos necesarios

Bienestar emocional (BE): Hace referencia a la posibilidad de la persona a sentirse tranquila, segura, sin agobios, no estar nerviosa. Se evalúa mediante los indicadores: satisfacción, autoconcepto y ausencia de estrés o sentimientos negativos.
Relaciones interpersonales (RI): Relacionarse con diferentes personas, tener amistades y llevarse bien con la gente (vecinas/os, compañeras/os, etc.). Se mide con los siguientes indicadores: relaciones sociales, tener amigas/os claramente identificados, relaciones familiares, contactos sociales positivos y gratificantes, relaciones de pareja y sexualidad.
Bienestar material (BM): Tener suficiente dinero para comprar lo que se necesita y se desea, tener un vivienda y lugar de trabajo adecuados. Los indicadores evaluados son: vivienda, lugar de trabajo, salario (pensión e ingresos), posesiones (bienes materiales) y ahorros (o posibilidad de acceder a caprichos).
Desarrollo personal (DP): Se refiere a la posibilidad de aprender diferentes cosas, tener conocimientos y realizarse personalmente. Se mide con los indicadores: limitaciones / capacidades, acceso a nuevas tecnologías, oportunidades de aprendizaje, habilidades relacionadas con el trabajo (u otras actividades) y habilidades funcionales (competencia personal, conducta adaptativa y comunicación).
Bienestar físico (BF): Tener buena salud, sentirse en buena forma física, tener hábitos de alimentación saludables. Incluye los indicadores: atención sanitaria, sueño, salud y sus alteraciones, actividades de la vida diaria, acceso a ayudas técnicas y alimentación.
Autodeterminación (AU): Decidir por sí misma/o y tener oportunidad de elegir las cosas que una persona quiere, como quiere que sea su vida, su trabajo, su tiempo libre, el lugar donde vive, las personas con las que está. Los indicadores con los que se evalúa son: metas y preferencias personales, decisiones, autonomía y elecciones.
Inclusión social (IS): Ir a lugares de la ciudad o del barrio donde estén otras personas y participar en las sus actividades como una persona más. Sentirse parte de la sociedad, sentirse integrada/o, contar con el apoyo de otras personas. Evaluado por los indicadores: integración, participación, accesibilidad y soportes.
Derechos (DE): Ser considerada/o igual al resto de la gente, que te traten igual, que respeten su manera de ser, opiniones, deseos, intimidad, derechos. Los indicadores utilizados para evaluar esta dimensión son: intimidad, respeto, conocimiento y ejercicio de derechos.

Fuente: Verdugo et al. (2013).

La mayor parte de los elementos que se vienen señalando están presentes en el modelo de apoyos, autodeterminación y calidad de vida desarrollado en el ámbito de la discapacidad.

La traslación de este modelo al ámbito de los servicios para la inclusión tiene, al menos, dos implicaciones de importancia:

  • Por una parte, la calidad de vida –tal y como la experimentan y definen las personas atendidas− se constituye como regla de oro de la intervención, en paralelo al objetivo de inclusión social. Si bien es cierto, como se ha señalado previamente, que no siempre pueden aplicarse a los servicios para la inclusión social las mismas bases conceptuales que se aplican en el ámbito de la discapacidad, el objetivo de la calidad de vida requiere un protagonismo mayor del que hasta ahora se le ha dado.
  • Por otra parte, el modelo de apoyos –estrechamente vinculado a la individualización de la atención− implica un cambio en la forma de concebir la intervención de las/los profesionales, cuya labor ha de centrarse preferentemente en la provisión de apoyos para la mejora de la calidad de vida y para la inclusión social de las personas atendidas.

El análisis de este modelo es necesario desde el punto de vista de la conceptualización de los recursos para las personas en situación de exclusión social, desde varios puntos de vista: por un lado, en la medida en que integra muchos de los elementos que se han ido señalando en otros puntos (individualización, inclusión social, atención en la comunidad…) y en la medida en que establece que la mejora de la calidad de vida es –frente a las concepciones más ‘normalizadoras’ de la intervención social− el objetivo de los centros y servicios que atienden a las personas en situación de exclusión social severa. También resulta de interés, por otro lado, en la medida en que se han desarrollado numerosas escalas y herramientas de medición que operativizan el concepto de calidad de vida y permiten determinar la calidad de vida de las personas vulnerables o que participan en procesos de inclusión social. Si bien es cierto que la mayor parte de estas escalas se aplican en el ámbito de la discapacidad, parece obvio que abren la puerta a la creación de escalas o herramientas para la medición de los procesos de inclusión social que tengan en cuenta los principios y objetivos del modelo de calidad de vida.