ATENCIÓN A LA CRONIFICACIÓN Y LA REDUCCIÓN DE DAÑOS 

Más allá de su aplicación específica en el ámbito de las adicciones, el concepto de la reducción de daños –que en algunos casos se ha entendido como trabajo social paliativo[1]− tiene una aplicación directa en el ámbito de la atención a las personas en situación de exclusión social. Esto implica, entre otros aspectos, renunciar a una concepción necesariamente lineal de los procesos de inclusión.

Asumir el paradigma de la reducción de daños en el ámbito de las políticas de inclusión tiene dos consecuencias:

  • por una parte, el desarrollo de programas y equipamientos orientados fundamentalmente a evitar un mayor deterioro de las personas en situación de exclusión, aplicando criterios de baja exigencia en el acceso y en la utilización de los mismos;
  • por otra parte, renunciar a la idea de que toda intervención ha de ser necesariamente escalonada y lineal, y que el acceso a soluciones residenciales independientes sólo tiene sentido como culminación de un proceso previo de inclusión.

El cuestionamiento de este modelo lineal implica también la necesidad de trabajar recursos de baja exigencia, que no debe contemplarse como alternativa a los centros de acogida, sino como complemento de los mismos para aquellas personas cuyas circunstancias hagan inviable en ese momento su permanencia en estos centros o cualquier alternativa de autonomía personal o de incorporación a procesos de inserción. La baja exigencia debe ofrecer la cobertura de las necesidades más básicas de alojamiento, alimentación, vestido e higiene a estas personas.

En todo caso, la baja exigencia no implica renunciar a conseguir progresos en la incorporación de estas personas a centros o servicios que permitan superar su situación, sin que ello sea condición para continuar recibiendo los mínimos asistenciales. Debe ser una oportunidad para motivar y, siempre que sea posible, iniciar procesos de mejora en la situación de estas personas, que les permitan utilizar recursos más normalizados.

[1] Para Soulet (2007), el trabajo social paliativo tiene por objeto evitar la desafiliación en ausencia de posibilidades de integración y supone la extensión de las políticas de reducción de riesgos, evitando el empeoramiento de situaciones de exclusión.