NUEVAS CLAVES PARA UN NUEVO MODELO (continuación)

La complejidad de las situaciones y los procesos asociados a la exclusión social estructural, agravada por el contexto de crisis, así como el resultado de las medidas y los modelos actuales orientados a favorecer la inclusión social, nos sitúan en un escenario alejado del deseado; un escenario caracterizado por:

  • La existencia de una situación de crisis brutal que se traduce en un alto grado de precariedad, de agravamiento de las desigualdades e importantes pérdidas en la calidad de vida.
  • La existencia de estereotipos negativos y prejuicios por parte de la sociedad en general, y alimentada, en ocasiones, desde las instituciones hacia este colectivo.
  • Obstáculos específicos vinculados al género: las necesidades y oportunidades diferentes para mujeres y hombres no son incorporadas en la definición de políticas y programas y se convierten, en muchos casos, en desigualdad para las mujeres.
  • Riesgo de dependencia crónica e institucionalización.
  • Se está poniendo en cuestión la efectividad de la actual red y el sistema de protección social; que ha funcionado, más o menos, satisfactoriamente en los momentos de bonanza económica.
  • La red de ayuda a las entidades del tercer sector se tambalean. La crisis está afectando seriamente a las entidades del tercer sector que ven reducidos sus ingresos de manera notable y, consecuentamente, sus posiblidades de actuación.
  • La descoordinación de las fórmulas de trabajo para el abordaje de la exclusión social.
  • La falta de criterios homogéneos para abordar la atención de personas en situación y/o riesgo de exclusión social nos sitúa en un escenario generador de grandes desigualdades.
  • Existe una ausencia palpable de indicadores y estadísticas que permitan medir los factores que pueden derivar en una situación de exclusión social tal y como recoge y reconoce “La “Guía de estilo: Pobreza, vulnerabilidad y voluntariado”elaborada por EAPN-Madrid y EAPN-España”.
  • Se observa con gran preocupación el retorno a actuaciones caracterizadas por un corte paternalista y asistencial en el que se plantean intervenciones que no atienden a la individualidad de cada persona, ni a las singularidades de mujeres y hombres, en el que se reduce el protagonismo de las personas en su proceso de inclusión, en el que se plantean actuaciones puntuales y parciales,..

Desde el convencimiento de que la lucha contra el fenómeno de la exclusión depende de la respuesta de las instituciones públicas y la capacidad de reacción de la sociedad civil, Emaús Fundación Social valora como imprescindibles las acciones que fomenten, por un lado, la colaboración interinstitucional entre entidades públicas y privadas y, por otro, la participación de las personas afectadas en sus propios procesos de inclusión.

Así la necesidad de un cambio de modelo de atención a las personas en situación de exclusión social viene siendo puesta de manifiesto reiteradamente en nuestro ámbito profesional. Esta necesidad de cambio es compartida también en otros ámbitos de los servicios sociales. Más concretamente, en el ámbito de la atención a personas en situación de dependencia en el que ya hay un largo camino recorrido y avanzado. En esta línea, los esfuerzos se orientan desde hace ya más de una década a seguir los pasos dados en los países del norte de Europa en los que se trabaja hacia un modelo de atención basado en principios, perfectamente extensibles al ámbito de la atención de las personas en situación de exclusión social severa; como: provisión integrada de servicios sociales y sanitarios, mantenimiento de las personas en su entorno habitual, modelo de atención centrado en la persona y sus preferencias y la promoción de la autonomía personal de estas personas, potenciando su capacidad de elección, la continuidad con sus entornos habituales y la preservación de su dignidad e intimidad.

De este modo, adquiere cada vez más fuerza la necesidad de la reflexión de cómo abordar un itinerario de cambio desde la coherencia y la sostenibilidad de nuestro sistema actual en diferentes ámbitos profesionales, asociativos y también relacionados con la toma de decisiones políticas. La necesidad de trabajo en red, la búsqueda de mecanismos de coordinación y cooperación tanto entre las administraciones públicas como entre y con las entidades del tercer sector, la acomodación de los recursos y servicios….serían elementos en torno a los que debe girar esta reflexión para avanzar hacia el cambio cultural necesario para cambiar imaginarios colectivos, romper automatismos…y, sobre todo, avanzar hacia un escenario caracterizado por un modelo de atención innovador, de calidad, que reconozca las necesidades diferenciadas de mujeres y hombres, que esté centrado en la calidad de vida, los derechos, la autonomía y el ejercicio de una ciudadanía activa; un modelo que aporte nuevas claves en lo referente a la colaboración interistitucional. Nuevas claves, para un nuevo modelo.