La inclusión social activa.

Por Santiago González Avión (Sociólogo experto en el ámbito de la exclusión social en Galicia)

 

Como se puede ver en el apartado dedicado a la evolución administrativa de los conceptos de pobreza y exclusión, hizo falta una década desde la aparición del concepto de inclusión hasta el momento en que existe un diagnóstico sobre la exclusión y una estrategia para su abordaje. Además, esa estrategia venía acompañada por un presupuesto y por un soporte más amplio: incorporación de equipos profesionales, metodología común, una base de datos de soporte, espacios de reflexión y de debate, una línea de financiación de proyectos para entidades del Tercer Sector y una alianza estable u ocasional con diferentes agentes en el territorio. Esa fortaleza de la estrategia de inclusión estuvo relacionada desde el inicio con la decisión de financiarla mediante medidas del Fondo Social Europeo, por lo que el conjunto del Plan de Inclusión y de las actuaciones financiadas por la Administración Autonómica quedaron impregnadas por el paradigma de la Inclusión Social Activa, acorde a los principios inspiradores del propio FSE.
Esta particularidad dotó al paradigma de Inclusión Social Activa de dos características complementarias que diseñan la peculiaridad del enfoque gallego en esta forma de comprender los procesos de exclusión / inclusión:
• La Inclusión Social Activa no sólo es el principal paradigma para la inclusión social en Galicia, sino que aparece administrativamente como el único paradigma legitimado dentro de la estrategia de inclusión social. Todas las intervenciones, incluso las más alejadas del empleo, deben articularse alrededor de este paradigma.
• Al mismo tiempo, la activación de la persona con el horizonte del mercado de trabajo no caracteriza el conjunto de las intervenciones, sino sólo algunas de ellas. Las restantes, deben tener alguna funcionalidad para la activación y para el logro de un puesto de trabajo, en la medida de lo posible. Pero el logro de la inserción laboral no es el único criterio para valorar la inclusión social.
Por una, parte la inclusión social activa tiene una pretensión de totalidad que deja en segundo plano cualquier otro paradigma de inclusión; pero, por otra parte, gana en matices y pierde en insistencia en la dimensión laboral.
Las dimensiones peculiares que incluye el paradigma de inclusión social activa, en su realización concreta en Galicia serían las siguientes:
1. Establecimiento de un vínculo profesional, entendiendo que el vínculo interpersonal es una condición necesaria para la existencia de un itinerario de inclusión social.
2. Personalización – individualización. La inclusión social no es un traje en el que tienen que entrar las personas; menos aún una camisa de fuerza, sino un camino personal.
3. Acompañamiento. El vínculo profesional y la individualización funcionan en la medida en que los/as profesionales, personas voluntarias y organizaciones acompañan a las personas en riesgo de exclusión social.
4. Los itinerarios tienen carácter espiral, no lineal. Se parecen más a la forma de subir a una montaña (con idas y venidas para superar obstáculos) que a la forma de correr cien metros lisos. Para que el camino avance y las personas puedan recorrerlo, no existe una línea recta: la quebrada y el gusanillo simbolizan mejor el itinerario.
5. Empoderamiento – capacitación – protagonismo de las personas. El protagonismo de las personas en su propio proyecto de vida está indisolublemente ligado con la concepción del itinerario como un camino personal y a la intervención social para la inclusión como el acompañamiento de un trecho del camino.
6. Los recursos son necesarios, pero los recursos no son la inclusión social. De hecho, hay personas que empeoran después de conseguir recursos (pero quienes no logran acceder a ningún recurso permanecen en situación de exclusión social).
7. Los procesos de formación son imprescindibles para la capacitación-empoderamiento – protagonismo. Pero no son el empoderamiento.
8. La inserción laboral contribuye a la inclusión social. Pero puede haber inclusión sin inserción laboral; y la exclusión social puede continuar a pesar de la inserción laboral).
9. Los procesos de inclusión son largos en el tiempo, lo que no significa que no se puedan evaluar. Los éxitos pueden y deben ser medidos por la mejora relativa de las capacidades de las personas y de su situación social.
10. Las intervenciones bien hechas también pueden fracasar. Cuando un tipo de intervención no presenta un porcentaje significativo de fracasos es porque se están excluyendo a los perfiles más difíciles (lo que refuerza la exclusión). Los fracasos deben servir para construir respuestas más adecuadas a la exclusión social. El reconocimiento del fracaso es signo de honestidad. La capacidad de aprendizaje habla de calidad.

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